Mermelada de Frambuesa y Rosas

Hay muchos placeres en la vida, pero nada como la mermelada de frambuesa y rosas.

Su elaboración es una receta secreta de Industrias Patrón. Comenzando a finales de los noventa con una frambuesa joven, la mermelada estaba dotada de un sabor inocente, tremendamente dulzón. Sin embargo, entrado el siglo presente, una plaga destrozó las cosechas y las frambuesas se pudrieron, dando pie a una triste serie de vicisitudes tras las que ni la empresa ni las tierras, habiendo sobrevivido a los pesticidas, volvieron a ser las mismas.

Las frambuesas tomaron un deje de amargura y temor en su sabor y color rojo, oscureciéndose, que es ocultado por la rosa que les acompaña. En la empresa, el gerente hubo de dimitir y se impuso un descontrol apocalíptico hasta la instauración de una nueva plantilla de dirigentes.

Industrias Patrón volvió al mercado en poco tiempo con esta suprema elaboración adoptada tras la crisis, colocándose en la más absoluta y suculenta cima de nuevo.

Hoy en día, aún hay gente que no conoce a esta colorada, que no le gusta o incluso hay algún loco al que le asquea. Pero no es muy grave ya que a la mermelada tampoco le gusta este tipo de gente. Esta joven veterana se relaciona con los que la conoces desde sus comienzos de frambuesa joven y con los nuevos amigos que afirman que la gran torre de Babel es irónica, pues es esta pequeña y curvilínea rojiza la que más te aproxima a los cielos.

Otra de las ventajas de este manjar es su tremenda fuerza interior, aunque la desconozca ella misma. Si la mermelada estuviera untada en un bollo salado, te pediría que huyeras para que no te llevaras mal sabor de boca. Pero lo que la mermelada no sabe es que ninguna miga le haría perder un gramo de dulzura.

Si la mermelada fuera olvidada en una receta y se quemara, de nuevo tendría miedo de ser probada. Pero su fuerte corazón no se estropea fácilmente y sigue logrando que la ansíes como el primer día, si no más, en esa y en futuras recetas.

Y tal es esta maravilla, que no tiene desperdicio ni en su recipiente. Existiendo variaciones, el preferido es un pequeño tarro de cristal tan perfecto que casi podría dormir sobre el hueco de tu hombro. Y aunque la mermelada se estrese porque se vea encerrada en un burdo tonel, es bien sabido que el precioso envoltorio de un frágil y bello cristal, suave y delicado al tacto, no le hace perder una pizca de su sutil aroma. Además, éste no es más que un mero trámite para poder disfrutar de su gloria en cualquier momento.

Es por todo esto un buen consejo visitar Salamanca para observar la producción de este delicioso manjar y conocer su traslado hasta Madrid, donde se puede disfrutar casi a cualquier hora del día. Y si alguna vez la mermelada se dejara hablar, no tendría por qué tener miedo de ningún tarro, quemazón pasado o miga, pues sus frambuesas son muy especiales y van, siempre, acompañadas de una rosa. Y esa combinación es digna de una buena receta.

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