Curvas gravitacionales

Cuando una noche inesperada ocurre algo insospechado, puede apelarse a la suerte, al destino, a Murphy o a la Teoría del Caos. Depende de la filosofía de cada uno.

Se dice, también, que cuando una persona deja su huella en otra, una pisada similar deja ésta en la primera. Meros recuerdos, opinan los ingenuos.

En verdad, mi verdad, son las leyes del Cosmos y las meditaciones de Einstein las que encierran la llave y explican mejor este hecho.

Sea la vida el espacio y las personas las masas, la materia, los planetas si se quisiese visualizar mejor, es la magnitud de éstos los que deforman el espacio y crean una serie de supuestas normas de funcionamiento. En el vacío, en ausencia y presencia de la nada, el espacio digamos que es plano, recto. En ese espacio los sucesos, semejantes a un asteroide, no sufren desviación ni análisis ni cambio alguno. La persona sería nueva, inerte o insustancial. Pero la materia ni se crea ni se destruye, se transforma; existe. Y es cerca de su existencia donde los sucesos varían su dirección, su plano, su forma.

Ergo sí; para muchos el azar existe y las huellas se crean. Para otros, el destino y sólo los recuerdos. Para mí, yo me mí conmigo, existen los indiscutibles dogmas de la irrealidad. En el vacío entra una persona, una materia, y varían por tanto sus curvas. Los sucesos ya no pasan rectos; se desvían, se transforman. Y de manera distinta en un espacio anterior que en uno posterior. Y de otra aún más desigual en otro espacio, en otro individuo.

¿Y por qué, físico el pensamiento, se le guarda distancia a la entropía en este ensayo? La ley de tendencia al desorden, desde este mirador, es cierta; pero no entera. Cuando el vaso, que tiende a romperse, está roto se queda roto; el planeta fragmentado se queda fragmentado; el corazón destrozado se queda destrozado. Pero no va más allá. Aunque sea importante, se queda tan solo en una región del espacio a la vez. Con esta otra filosofía, se contemplan las variaciones de las curvas del espacio al fragmentarse (o, aunque muy raramente, desfragmentarse) uno de estos planetas antes nombrados, y las consecuentes variaciones que sufrirán los sucesos que por ahí se crucen.

¿Hay, entonces, algo concluyente? Sí; no podré olvidarte.

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