Rojiza

Maravillosa. ¿Dónde has estado estos años?

Ya te he visto, no te escondas. A tu lado, el relojito del conejo se para. Alejado, las horas no pasan. Un gato azul ya supo que nos íbamos a encontrar, pero en su nube de humo guardó aquel detalle. Y ahora, ¿dónde estamos?

Te seguí por el agujero de aquel árbol, aunque creo que solo perseguí tu sombra; al llegar abajo, he visto que este mundo ya es tuyo. No eres nueva. Y ahora, me hallo atrapado en tu país. Aquí, todo lo has moldeado tú y me encanta, no te asustes. No es aburrido. No es sobrio. No es redundante. No te asustes, me encanta. Me encantas.

Hay dos gemelos regordetes jugando por la pradera, pero solo quiero mirarte. Admirarte. Observarte. Quisiera memorizarte entera, cada uno de esos infinitos detalles perfectos, pero me abrumas. Y escucho además un instrumento, de viento y metálico. Sigue a una orquesta, pero lo escucho en un solo. Cómo me maravilla tu imagen y ahora con banda sonora.

¿Me dejas quedarme? ¿Quieres que siga por aquí? Alcaldesa y alguacil, en ti recae decidir si dejas a este vendedor ambulante quedarse, o ir a engatusar a otra plaza.

Redobles, se escucha a un alemán. ¿Qué va a resultar?

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