No, un alfiler

Para una aguja sin ojal

tu traspiés fue su Kaaba.

Valle oscuro, entrada clara,

solo quiso la verdad.

 

Verso roto escupe un lloro,

mente osada e insustancial.

¿Casi arribo a nuestro final?

Llegué pronto a acabar loco.

 

Cuando un sastre hace un traje,

¿cómo un rico fuma un puro?

Su gozo existe en cada mundo,

mas uno crea y otro arde.

 

Yo ardí porque me prendiste,

tú lucías mi hermoso vestido,

y no sé cómo lo hube cosido,

tan cerca de llamas de hoguera triste.

 

Coño, joder, me gustan los impares;

un trozo de ti me habría bastado.

Compartirte tan solo habría provocado

que el río perdido llegase a los mares.

 

Con rimas catetas, conteos deshechos,

el sastre que ardía tan cerca del mar,

el río que a un delta no pudo llegar,

recuerda que ahora ya nunca habrá muerto.